
Soy Nina, fundadora de Estudio 2160.
Mi vínculo con el diseño comenzó mucho antes de saber que algún día me dedicaría a él. De chica, mi abuelo Jesús me enseñaba a construir maquetas con cajas de zapatos y a experimentar con circuitos eléctricos. Sin saberlo, estaba despertando en mí una forma de mirar el mundo: con curiosidad, imaginación y la necesidad constante de entender cómo funcionan las cosas y cómo podrían ser diferentes.
Con los años, esa curiosidad encontró distintas maneras de expresarse. Restauré muebles, pinté murales, transformé locales y me involucré en proyectos de interiorismo incluso antes de comenzar mi formación académica. Aprendí haciendo, probando, equivocándome y descubriendo que diseñar no es solamente crear algo estéticamente atractivo, sino encontrar el equilibrio entre lo funcional, lo sensible y lo cotidiano.
Más adelante decidí estudiar Diseño de Interiores, buscando darle nuevas herramientas y profundidad a una pasión que ya formaba parte de mi vida. La experiencia en la docencia también me permitió descubrir otra manera de aprender: compartir conocimientos, intercambiar miradas y comprender que la creatividad se enriquece cuando se construye con otros.
Si hay algo que me acompaña desde siempre, es la curiosidad. Me cuesta quedarme con lo que ya sé. Constantemente busco nuevos cursos, herramientas y experiencias que me permitan ampliar mi mirada. Me interesa aprender de distintas disciplinas, incluso de aquellas que, a primera vista, parecen no tener relación con el diseño. Creo que cada conocimiento nuevo termina encontrando su lugar y que, muchas veces, las mejores ideas nacen de conectar mundos diferentes.
Hay algo que me sucede cada vez que conozco un lugar. No puedo evitar preguntarme qué historias habrán transcurrido allí. Quiénes se habrán conocido, qué conversaciones habrán tenido lugar, cuántas despedidas, encuentros, celebraciones o momentos cotidianos habrán quedado guardados entre sus paredes.
Y cuando diseño un espacio, esa misma curiosidad se proyecta hacia el futuro. Me gusta imaginar todo lo que todavía está por suceder: las personas que lo van a habitar, las conversaciones que se van a dar alrededor de una mesa, los recuerdos que se van a construir y las historias que ese lugar va a acompañar.
Quizás por eso nunca pude pensar el diseño únicamente desde lo estético. Para mí, un espacio es mucho más que su arquitectura, sus materiales o sus objetos. Es el escenario donde transcurre una parte de nuestra vida.
Hoy mi búsqueda sigue expandiéndose hacia otras formas de expresión: la fotografía, los objetos, la materialidad, la dirección creativa y las distintas maneras de comunicar una idea. Me gusta observar, experimentar y descubrir nuevas posibilidades sin sentir que tengo que limitarme a una sola disciplina o a un estilo definitivo.
Desde Estudio 2160 busco crear espacios con identidad, que respondan a las personas que van a habitarlos y que encuentren un equilibrio entre la funcionalidad, la sensibilidad y la belleza.
No me interesa diseñar espacios que simplemente sigan una tendencia. Me interesa que tengan sentido, que se sientan propios y que puedan transformarse junto con quienes los viven.
Porque, al final, no diseñamos solamente espacios. Diseñamos escenarios para historias que todavía no sucedieron.